De ti nos viene, Madre, el semblante humilde de la sangre.
En ti la Idea halló su plenitud de carne leve.
En ti Dios se hizo hombre
y el hombre Dios…
Tu origen se remonta al canto inaugural de los jilgueros.
Tu origen se remonta a la semilla concebida anterior al fruto
Vienes de la alba ingenuidad de los corderos …
Y es que en tu génesis de Bondadosa Eterna
no hubo del antiguo engaño, antiguo fruto,
no serpiente en su triste imperfección de ser serpiente.
Hubo sí el principio original del llanto y la sonrisa.
El origen de la vida en nuestras manos
quebradas como vidrios transparentes.
Y el origen de la muerte en la raíz del gesto, difumado.
El origen del misterio en los caminos solos
- con destino o sin destino señalado -
A manera del fruto de las ramas sublimes de tus venas.
domingo, 13 de mayo de 2007
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