domingo, 13 de mayo de 2007

II

De ti nos viene, Madre, el semblante humilde de la sangre.

En ti la Idea halló su plenitud de carne leve.

En ti Dios se hizo hombre
y el hombre Dios…

Tu origen se remonta al canto inaugural de los jilgueros.

Tu origen se remonta a la semilla concebida anterior al fruto

Vienes de la alba ingenuidad de los corderos …

Y es que en tu génesis de Bondadosa Eterna
no hubo del antiguo engaño, antiguo fruto,
no serpiente en su triste imperfección de ser serpiente.

Hubo sí el principio original del llanto y la sonrisa.

El origen de la vida en nuestras manos
quebradas como vidrios transparentes.

Y el origen de la muerte en la raíz del gesto, difumado.

El origen del misterio en los caminos solos
- con destino o sin destino señalado -
A manera del fruto de las ramas sublimes de tus venas.

No hay comentarios: